No hace mucho ni muy lejos de aquí, vivía un joven, de qué edad no lo recuerdo, pero tenía la suficiente edad para tomar las llaves del auto de sus padres e irse manejando fuera de la ciudad; cosa para la cual era demasiado bueno, cada que podía se escapaba, al principio no muy lejos de su casa, tal vez al cine a una función nocturna, con sus amigos a unas cuantas cuadras.
A veces solo conducía unas horas y regresaba a su casa feliz y sin que nadie se diera cuenta, aunque cuando lo conocí, esos viajes se habían transformado en verdaderas aventuras épicas.
En una de las cuales lo acompañe, podría decir que eran las 9 de la noche como igual pudieron haber sido las 3 de la mañana, los días corren de maneras extrañas cuando estas aburrido y en una noche como aquella, todo es confuso.
Este chico llamo a mi celular, invitándome a vagar a orillas de la ciudad, a escalar nocturnamente las montañas... como no tenía nada mejor que hacer, acepte, al cabo de 20 minutos escuche el claxon de su auto sonar. Y como no quería que mis padres se dieran cuenta de que salía. Me salí por la ventana, como todo buen escapista.
Al momento de subirme al auto, el chico encendió el motor, y sonó tan fuerte que pensé que mis padres se habían levantado, pero eran solo mis nervios, las cosas se muestran un poco más intensas cuando haces algo fuera a escondidas. Así que nos fuimos, de camino con el estéreo del auto a todo volumen íbamos cantando aquellos himnos épicos del libertinaje y las pasiones desenfrenadas... Sí, me refiero a haré rock de los 80's y 90's.
El tiempo para llegar a las afueras de la ciudad fue relativamente corto, (solo alcance a escuchar 2 veces in a gada da vida).
Mi amigo aparco el carro a un lado de la carretera con el motor andando y las luces encendidas para aluzar un poco nuestra subida. Al principio todo iba bien, sin mayores problemas llegamos hasta donde alcanzaba la luz de los faros del auto, el verdadero problema empezó cuando la oscuridad nos alcanzó, subir la cuesta era difícil, debido a las rocas sueltas y la poca visibilidad.
Pero la noche a la ladera de la montaña será algo que nunca olvidare, las estrellas sobre nuestras cabezas brillaba con tal intensidad que era imposible no quedarse embelesado viéndolas, creo que esa fue la razón por la que mi amigo sin darse cuenta cayó en una grieta en el suelo, solo alcance a escuchar su grito, asiéndose cada vez más débil, y después solo el eco de su grito, mientras intentaba buscarlo, tuve que andar a gatas para encontrar la grieta en el suelo.
Cuando finalmente la encontré, metí mi mano en el hoyo para ver si lograba alcanzar a mi amigo, mientras le desea que intentara tocar mi mano, algunos autos pasaban por la carretera pero ninguno se detenía a ver el auto aparcado a orilla de la carretera con las luces encendidas, supongo que en estos tiempos nadie separa a brindar ayuda.
Los primeros rayos de sol ya salían cuando pude vislumbrar la figura de mi amigo atascada en el hoyo, intente alzarlo para sacarlo de ahí; aunque fue inútil, él estaba atascado y se había roto una de sus piernas, lo supe cuando lo oí gritar "weeey, espérate, creo que me rompí una pierna".
Entre mi desesperanza y el poco ingenio que me quedaba para las casi 24 horas que se cumplían sin haber dormido, me las ingenie para sacarlo de aquel hoyo en el que se había metido.
Cuando salió el sol ya estaba alto en el cielo y nos pegaba de lleno en los rostros, ambos estábamos tendidos a un lado del agujero, respirando dificultosamente.
El tipo tomo una rama larga que uso como bastón y comenzamos a caminar hacia el auto, yo iba al frente, mientras dejaba que mi amigo batallara caminando con su pierna rota, era un castigo justo para premiar su estupidez, y ambos sabíamos eso pero si crees que nuestra peripecia termino aquí, ahora imagina tener a un amigo lisiado, el único de ambos con la suficiente coordinación para conducir, y sin poder hacer su trabajo.
Tuvimos que someter nuestras vidas a una práctica antigua, en la cual se apostarían nuestras vidas (un bolado) cualquiera que ganara, era una pésima idea al volante, de alguna manera curiosa, como si la vida no se hubiera burlado lo suficiente de ambos, decidió que el más capacitado para preservar la vida de ambos era aquel que tenía ambas piernas intactas, entonces, comenzó lo difícil, no tanto en el arranque, sino intentando mantener el auto estable.
Íbamos de regreso a nuestras casas, místicamente los autos se hacían a un lado dejándonos el paso libre y sin preocupaciones, lo único que me mantenía con la vista en el camino era la vos de mi padre diciendo "tu nomas sigue la línea de enfrente y ya".
Y el camino desde nuestro punto de partida, hasta entrar en la ciudad corrió sin ninguna desventura, hasta el momento en que me di cuenta, que todo el trayecto venia por el carril contrario.
Al llegar a la caseta de peaje, un oficial de tránsito se percató del pequeño percance y nos despojó del auto, y tratando de ser amable llamo una ambulancia para mi amigo, a los padres de mi amigo para que se llevaran el auto de regreso a su chochera, y llamo a mi padre, que pensándolo bien hubiera sido que me llevaran a la cárcel, pues todo el camino me fue regañando, no por el hecho de manejar en contra, ni por haberme escapado, sino por el hecho de ser tan descuidado como para que me descubrieran.