jueves, 30 de junio de 2011

Nightmare out of serie No. 000

Como en muchos de mis sueños, comienza en una ciudad desconocida, pero con algunos elementos en común con esta en la que estoy viviendo, me refiero a pequeñas cosas como alguna casa, algún perro callejero, las personas que viven en ella, alguna calle significativa por algún detalle en su estructura, fuera de eso, podría haber sido en cualquier lugar.

Me encuentro a mí mismo a mitad de algo parecido a una carrera, pero no hay nadie a mi alrededor, ni señalamientos que marquen el trayecto de la pista, simplemente yo en una ciudad abandonada, entre en un pequeño centro comercial que atravesé de lado a lado, esquivando unas pequeñas “islas” (para los que no sepan, son puestos, que están en medio del camino de los centros comerciales) sin ningún problema pero momentos antes de cruzar la salida; tenía que atravesar el área de comidas, ahí la situación fue un poco laboriosa puesto que tuve que correr entre las mesas y saltar de una a otra, pues en el suelo había una especie de charco de petróleo que por alguna razón no debía tocar, finalmente pase el obstáculo y logre salir del centro comercial.

Siguiendo mi camino por un lote baldío que parecía tan extenso como un desierto; y al menos así lo sentí; como un espejismo me pareció ver a una persona, no era solo una de esas personas con las que sueñas que solo son vagamente alguien, sino era alguien concreto, alguien de mi vida cotidiana, y conforme me acercaba a ella iba descubriendo que no se trataba de ningún espejismo, cuando estuve lo suficientemente cerca de esa persona intente detenerme pero mi cuerpo no respondía, o más bien respondía a medias, y solo pude mantenerme trotando en mi lugar mientras hablaba con ella. Solo una pregunta me hiso, una pregunta y seguí mi camino. Su pregunta fue “¿qué haces?”, simple y llanamente “¿qué haces?”. “correr” fue lo que le dije en un grito mientras me alejaba de esa persona, sentí un pequeño dolor en el pecho, como un vacío haciéndose más y más grande cada vez. Pero seguí en mi camino.

Logre salir de aquel terreno vacío y seguí mi camino, dando vueltas a diestra y siniestra, brincando autos y entrando en casas; seguía corriendo, y corriendo veía a los lados esperando ver algún corredor más que me rebasara pero no pasaba nadie más, solo una que otra ráfaga repentina de aire, al dar vuelta en una calle sin salida, entre en una de las ultimas casa para así poder cruzar a la siguiente calle brincando la barda de la casa, la última casa de esa privada, era la más grande de todas, muy bellamente decorada, y en las bardas de esta casa se extendía un alambrado de púas “para evitar ladrones”, supuse; aun así entre en la casa. Misteriosamente no había puerta en la casa y me metí hasta la cocina. Ahí otras dos personas conocidas para mi bebían una taza de té, y al igual que con la primera persona, mi cuerpo se detuvo a medias, trotando en su mismo lugar.

Nuevamente una de las personas me pregunto lo que ya me habían preguntado “¿Qué haces?”. “correr” volví a responder, pero esta vez no me puse inmediatamente en marcha, sino que seguí trotando en mí mismo lugar hasta que la otra persona que estaba ahí, que también conocía pregunto, “¿y a dónde vas?”, yo daba algunos pasos para acercarme a esa persona mientras seguía trotando, después de un rato de verlo fijamente respondí “hasta que deje de correr sabré a donde”. Salí de la casa como había planeado, pero sin necesidad de brincar el alambrado, puesto que ya no existía en la casa.

Al brincar al otro lado de la barda, caí en lo que parecía ser una arboleda, todo cobraba mayor sentido puesto que ya había una línea trazada de camino, un camino gris que se extendía serpenteando hasta el horizonte, donde de un lado corría la arboleda y por el otro solo el camino de la ciudad y su panorama era tapizado por las casas colocadas una al lado de la otra siguiendo el camino de concreto, seguí el camino, corriendo a todo lo que alcanzaban a dar mis piernas, cada vez más rápido y más rápido, pero siempre veía el mismo escenario por masque avanzara, la arboleda de un lado y del otro las casas, al frente el camino gris serpenteante, solo detrás, la casa o más bien la barda habían desaparecido.

Al cabo de lo que parecía una eternidad de estar corriendo por ese camino, a un lado del camino gris vi a otro amigo, otra persona de esas que te acompañan a lo largo de la vida, que piensas y son irremplazables, al igual que con las otras dos personas me detuve a su lado, mientras seguía trotando. “¿Qué haces?” la misma pregunta que llevo a la misma respuesta de las ocasiones pasadas “corriendo”, “¿y a dónde vas?”, “hasta que deje de correr lo sabré”, “¿Por qué corres?” una nueva pregunta se hiso presente, esta pregunta tuvo un efecto poderoso en mí, tanto que casi me hace detener, pero después de pensarlo un poco respondí “intento alcanzar algo”.

Después de ese último encuentro decidí salirme del camino gris de concreto y dejar la arboleda de lado, ahora me encontraba corriendo por un lo que parecía ser un parque lleno de canchas de básquet ball, al pasar las tres primeras canchas corriendo, empecé a sentirme débil, y corría cada vez un poco más lento, casi al borde de detenerme, un equipo de básquet ball, conformado nuevamente por la gente que significa algo para mí, se pararon a mi alrededor quedando yo en medio de ellos, mientras seguía como siempre trotando sin moverme. Uno a uno fueron haciendo las mismas preguntas que ya había respondido, y como era usual una nueva pregunta se acumuló a las otras “¿y vale la pena?”, inmediatamente conteste “lo vale”.

El quinto miembro que no hiso ni una sola pregunta se movió a un lado y me dio el paso, extendiendo una de sus manos, para mostrarme el camino, seguí corriendo y seguí corriendo, en mi mente escuchaba las voces de todas aquellas personas que con las que hable y todas aquellas personas que han estado ahí, poco a poco mientras corría veía alrededor y toda la ciudad iba llenándose con esas personas, corría mas rápido y más rápido, al final... estaba ella. Corrí y corrí, hasta estar lo más cerca posible de ella, para poder tocarla.

Finalmente desperté.

Todo fue un sueño, el reloj marcaba las 11:00 hora en la que usualmente en estos días me levanto para cumplir con mi trabajo. Pero esa sensación sigue presente, aun mientras escribo esto, siento que voy corriendo, y no me puedo detener.